¿Te atreves a soñar?

martes, 5 de julio de 2011

Soneto de recuerdos

Había colocado tres objetos sobre la mesa, tres recuerdos con espinas. Dos de ellos había pertenecido a su madre y el tercero era el anillo que la prometió una vez. Le había costado más de una hora atreverse a juntarlos en una misma mesa y colocarse frente a ellos. Repasó los demás objetos: una caja de cerillas y una caja de terciopelo.

Le había pedido a él que esperase fuera. Debía enfrentarse a sus miedos sola. Llevaba demasiado tiempo tratando de eludirlos y era el momento de conciliar los recuerdos con su presente. No quería recordar los pasajes más amargos de su vida, ni arañar las heridas que ya le habían producido en el corazón, pero era la única forma de liberarse de ellos.

Cogió el jarrón de porcelana de su madre, que había sido disputa de su matrimonio y que le había costado el mismo. ¡Por un jarrón! Un jarrón con mucha historia y gran peso económico. Tal y como temía, los gritos, los golpes y el horror, volvieron a azotarla. El llanto estalló con un espasmo y, controlando el temblor que había sometido los movimientos de su cuerpo, lo estampó contra el suelo. Luego se agachó y lloró, pero sabía que había creado una fuga en sus recuerdos.

Las entradas al concierto de uno de los grupos musicales preferidos de su madre y suyo fueron su segundo reto. Al principio cerró los ojos. La fecha continuaba impresa y le saltaba a los ojos como si se tratase de un cartel de neón. Aquel día falleció su madre, quien hasta entonces había sido su sendero de luz. Las imágenes del accidente le estallaron con una fuerza aún mayor que los recuerdos del jarrón. Sintió la necesidad de gritar, de lanzarlo todo lejos de sí y de destrozar a patadas los muebles de la habitación, pero sabía que sólo empeoraría la situación. Prendió una cerilla y consumió la herida que había transformado su vida.

Cuando el segundo recuerdo no era más que cenizas, abrió la bolsita que contenía una de las joyas de más valor que poseía. Los besos, las promesas, las palabras de amor... una historia de amor truncada por la mentira. Recordó aquel día en el que despertó tan nerviosa y en el que enfiló hacia el altar preparada para unir su vida a la de otra persona. Amaba tanto a ese hombre que había saltado a sus brazos y tomado una de las decisiones más importantes que se le podían presentar: contraer matrimonio. ¡Era tan feliz! El mundo jugaba en sus manos... hasta que, movido por una compasión infinita hacia ella, el mejor amigo del novio se levantó y destapó las trampas que le había ocultado durante todo el tiempo de noviazgo. Ella se desmoronó y tuvieron que asistirla. Pasó algunos meses en un estado depresivo. Sólo cuando fue consciente de que ella misma era la única que podía sacarse del agujero, empezó a rehacer su vida.

Escondió el anillo en la caja de terciopelo y rompió a llorar. La tensión que la había mantenido alerta le provocó una sensación de agotamiento y se dejó caer sobre la alfombra. Oyó que abrían la puerta, pero no se movió de donde estaba. Unos brazos la rodearon con cariño y unos labios le besaron la frente.

Se volvió para abrazarse a él, con la serena convicción de que todo lo malo había acabado. Era el momento de volver a empezar, sin manchas, sin lágrimas, sin ni siquiera un soneto de todos aquellos recuerdos que la habían atormentado. Era libre, después de tantos años, y se sentía fuerte y renovada, preparada para retomar los sueños donde los había dejado.

2 comentarios:

  1. Consigues que al leerlo me sienta espectadora de primera fila en lo que va ocurriendo en tu relato.Bien,muy bien

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  2. "había creado una fuga en sus recuerdos."
    Magnifico!! Tiene gran intensidad tu relato,hasta me dieron ganas de ser la protagonista, bueno mejor no. ; )
    Un abrazo!!

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