¿Te atreves a soñar?

miércoles, 25 de marzo de 2015

Ciudadanos y las farmacias

Ciudadanos se ha hecho la zancadilla a sí mismo. El partido de Albert Rivera, que en las elecciones de Andalucía presentaba como candidato a Juan Marín, contempló en su programa un punto que provocó cierta huida de votos: la liberalización del modelo farmacéutico. Una cifra, quizá ínfima, para los 9 escaños (368.688 votos y 9,2%) que se celebraron como una victoria.

El programa económico de Ciudadanos ha sido aplaudido en muchas ocasiones por su sensatez, pero si se mira con lupa (al menos en el caso andaluz), saltan algunos temas controvertidos. Entre ellos, lo que llaman “modelo de mínimos” en su Programa Sanitario y que consiste en la liberalización de las farmacias, contrario al actual modelo Mediterráneo. Se apuesta por ello porque, según defienden, “supondrá una mejora y una mayor cercanía al usuario, así como la creación de miles de puestos de trabajo”. Pero un estudio a nivel europeo, analizado por el Expert Panel on Effective Ways of Investing in Health (EXPH), declaró que este modelo deriva en un empeoramiento de la calidad de los servicios farmacéuticos.

El aumento del número de farmacias acabaría provocando la muerte de muchas de ellas. No porque se incentive la competencia, sino porque no habría ingresos capaces de contrarrestar los gastos. Existirían 150 metros de distancia entre los negocios y la condición de que hubiese un mínimo de 700 habitantes por farmacia. Si dejamos a un lado el hecho de que la proximidad no es factor determinante para acudir a una u otra, seguimos encontrando un incremento de locales que gastan en agua, luz y tiempo. Pero, claro, el gobierno podría jactarse del emprendimiento y la disminución del paro.

El año pasado las familias andaluzas hicieron un gasto medio en farmacia de 207,5 euros. Una cifra que se encuentra por debajo de la media nacional, según el último estudio de AIS Group, publicado el martes 24 de marzo. En vestido y calzado, el gasto medio es superior, 1.348 euros en 2013, como indicó el INE.

Días antes de las elecciones, el 17 de marzo, el Club de Opinión Farmacéutico Malagueño, COFAM-88, escribió un comunicado a sus miembros para avisar de este punto en el programa de Ciudadanos. Un punto que, para ellos, lo cambia todo. En Andalucía la liberalización de las farmacias está en el programa del Partido Popular desde mucho antes, aunque por diversos motivos, y hace unos meses el Gobierno lo ha sacó a la palestra. El Ministerio de Economía y Competitividad, con Luis de Guindos al frente, estudia la posibilidad de que cualquier persona (no necesariamente licenciada en Farmacia) pueda abrir este negocio. De aprobarse, se abrirían las puertas a las grandes cadenas que, antes o después, acabarían aplastando a los pequeños comercios.

El argumento del partido de Rivera es el contrario. Quieren fomentar el equilibrio entre las grandes superficies y el pequeño comercio. Pero la barra libre de farmacias podría provocar una resaca difícil de recuperar en nuestra economía maltrecha.


Actualizado el 14 de diciembre de 2015: Ciudadanos, las farmacias y los programas electorales

domingo, 22 de marzo de 2015

Máquinas vivas

Las películas de ciencia ficción insisten en aparejar a la inteligencia artificial los sentimientos y emociones propias de los humanos. Una valoración positiva de unas máquinas que los científicos se esfuerzan en conseguir. ¿Qué ocurriría si un robot fuese capaz de sentir? Es la tesis que subyace en los filmes Ex_Machina y Chappie, estrenados este año, y en The imitation game, Her y Autómata, del pasado. Nos han acostumbrado a seres que aman, que son capaces de suplir nuestras carencias emocionales, que nos quitan el miedo a la soledad. Ocurre ahora y ocurría entonces. Películas como El hombre bicentenario (1999), Inteligencia Artificial (2001) o Yo, robot (2004), sembraron el debate que ahora se recupera.
Por el momento, sólo Eugene Goostman logró que lo confundieran con un ser humano. En 2012 y después de que lo preparasen desde 2001, el programa se hizo pasar por un ucraniano de 13 años. Tenía una vida inventada, pero engañó a un tercio de los jueces que participaban en la prueba de Turing. Un acontecimiento que el propulsor del experimento, Alan Turing, predijo como el momento en que las máquinas habrían alcanzado la inteligencia artificial. Los científicos Seale o Ackerman defendieron que engañar no es entender.
La industria cinematográfica apoya el papel de los robots como compañeros de los humanos. Nos crea una imagen positiva. Nos crea incluso la ilusión de que suplirán nuestras carencias: ¿Necesitas alguien que te ame (o que simule que te ame)? ¿Necesitas una presencia que combata tu soledad? Nos proponen un mensaje: para qué esforzarse en lo que puede ser fácil.
Hace unas semanas trascendía el caso de un funeral oficiado en honor a unosperros-robots. Una ceremonia budista de inciensos y sutras, de respeto por el alma de 19 mascotas que Sony lanzó en 1999. Unos animales sin carne ni hueso pero diseñados con una personalidad. Los Aibo no necesitaban veterinario, ni comida, ni agua, ni dos paseos obligados al día. Eran mascotas fáciles. No eran juguetes para niños, eran parte de la familia, como cualquier can vivo, como Jibo.
Jibo, que ya se promociona en internet como “el primer robot familiar”, aspira a abrirse un hueco en los hogares. Con un diseño sencillo que recuerda a Eva, de la película Wall-e, se ofrece para lo que se le pida: recordar tareas, contar cuentos, grabar vídeos, hacer llamadas... Una agenda electrónica con una personalidad. Una máquina a la que se le han programado habilidades y que espera ser objeto de cariño a partir de 2016.
No nos venden una utilidad. Ni Goostman, ni los Aibo, ni Jibo, ni los personajes de ciencia ficción son solamente aparatos. No son como la lavadora, o el lavaplatos, o la secadora. El ser humano está investigando cómo convertirse, de alguna forma, en dios. Sus aspiraciones no se detienen en lo práctico. Los científicos quieren programar la vida del único modo que no hizo nadie: con máquinas capaces de pensar, cuestionarse y sentir.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Amor in vitro

Se dice que el amor es ciego, ¿pero tanto como para casarse con un completo desconocido? El nuevo reality de Antena 3 apuesta por ocho bodas que han formado una sexóloga, un psiquiatra, una psicóloga y el test Vipscan.  Casados a primera vista es como cualquier oficio: una persona con una necesidad en manos de los expertos. Quizá un test de compatibilidad sea tan capaz como la vieja Celestina de Fernando Rojas.
Primero fue el cortejo, después las redes sociales y ahora un programa de televisión. Está claro que el amor puede aparecer el día menos pensado, incluso en el altar. Aunque 70 de los 100 participantes que entraron en la final salieron por patas cuando descubrieron que se tenían que casar. La compatibilidad de los concursantes la determina un test que analiza la personalidad. Después de 400 preguntas y más de 200 combinaciones, los porcentajes deciden quién está hecho el uno para el otro. No se tiene en cuenta la atracción física, pero sí la inteligencia, las emociones, el carácter. Eso es lo que importa, ¿no? El interior. Entonces el éxito está asegurado. Como el famoso cuestionario de las 36 preguntas, que consistía en responder con sinceridad y luego mirar al otro por cuatro minutos. En 1997 fue parte de un experimento y culminó en boda. La única diferencia es que entonces hubo miradas profundas, sonrisas y nervios, y ahora sólo hay nervios. Son las prisas de nuestro siglo. Por eso triunfan Edarling, Meetic, o incluso Whatsapp. Los piropos atraviesan el ciberespacio, los besos son emoticonos y las palabras de amor, caligrafía Times New Roman.
La última encuesta del INE registró un total de 100.437 divorcios, separaciones y nulidades en 2013. La mayoría de esas parejas se eligieron voluntariamente y, sin embargo, se equivocaron. El ser humano tiene sus limitaciones, pero se dice que los datos son fiables. ¿Entonces por qué tiene que fracasar un matrimonio que ha unido la ciencia? Quizá estemos ante la fecundación in vitro del amor.